08 octubre 2005

¿Le importamos a nuestros políticos?

Si nos atenemos a las manifestaciones de los mismos (los dos principales lideres D. José Luis Rodríguez Zapatero, actual Presidente de Gobierno, y D. Mariano Rajoy, Presidente del mayor partido de oposición, repiten a diestra y siniestra que están para servir y escuchar a los ciudadanos) ... mucho, pero si hacemos caso de aquello de "que por sus obras los conoceréis", entonces la cosa cambia.
Max Weber en el año 1919 publicó una obra en la que hablaba sobre la política y entre otras cosas decía: "Quien hace política aspira al poder; al poder como medio para la consecución de otros fines (idealistas o egoístas) o al poder "por el poder", para gozar del sentimiento de prestigio que él confiere". "Lo que los jefes de partido dan hoy como pago de servicios leales son cargos de todo género en partidos, periódicos, hermandades, cajas del Seguro Social y organismos municipales o estatales. Toda lucha entre partidos persigue no sólo un fin objetivo sino también, y ante todo, el control en la distribución de cargos". "Desde la aparición del estado Constitucional y más completamente desde la instauración de la democracia, el "demagogo" es la figura típica del jefe político en Occidente". "¿Cual ha sido el efecto de este sistema? (se refiere al sistema de organización de los partidos políticos y a la elección de sus miembros para los puestos de gobierno). El de que hoy en día, con excepción de algún que otro miembro del Gabinete (y algunos originales), los miembros del Parlamento son, por lo general, unos borregos votantes perfectamente disciplinados". Esto, como queda dicho, fue escrito en el año 1919, pero, perfectamente, puede asumirse como dicho hoy.
Podría añadir más sobre lo manifestado por Weber, pero creo que lo expuesto es más que suficiente para darnos una idea de la naturaleza de la mayoría de nuestros políticos actuales.
Como citaba al principio, el Sr. Rodríguez Zapatero ya desde la campaña política prometió, entre otras cosas, cambiar la forma de gobernar y para ello propugnaba acercarse al ciudadano y escucharlo.
Al Sr. Rajoy, tras obtener la Presidencia del Partido Popular lo acabo de ver prometer lo mismo en un programa de TVE que he visto desde Costa Rica en donde resido actualmente.
Sin embargo, si Usted, amable lector, se dirige a la página del Congreso, por poner un ejemplo claro y sencillo, verá con asombro como el 90% de nuestros representantes del PP esconden su dirección de correo electrónico (en los otros partidos también hay diputados invisibles pero en menor cantidad que en el llamado partido de oposición); acepto que no divulguen su dirección personal, que es sacrosanta, pero es impresentable que escondan una dirección PUBLICA, que no les pertenece a ellos sino que a todos los ciudadanos que somos los que les hemos puesto ahí para que nos representen y pongan en práctica el mandato que les hemos dado... ¿es así como el Sr. Rajoy y sus compañeros pretenden escuchar a sus compatriotas, dificultando la comunicación con ellos? o ¿será que el Sr. Rajoy y la mayoría de nuestros políticos, salvando las excepciones que confirman la regla, piensan que sólo se representan a ellos mismos y a sus intereses y que sólo nos tienen que "escuchar" una vez cada cuatro años cuando depositamos nuestro voto en las urnas?.
¿Cuanto tiempo llevan enclaustrados en la política viviendo no "para" sino "de" ella enchufados a la teta del Estado?. ¿Cuanto tiempo más debemos soportar a demagogos que piensan que somos "tontos útiles" que servimos para asegurarles su continuidad en el aparato estatal? Y digo continuidad, pues no vivimos en una democracia sino en una partidocracia en donde sus agentes, los partidos políticos, sirven, como decía Weber, para mantener los privilegios de unos pocos en detrimento de la inmensa mayoría.
Los partidos políticos "controlan" quien es el que se va a postular y así, por una parte la mayoría de los ciudadanos no podemos optar a ser elegidos y por la otra no podemos elegir a quién votar ya que nos vienen impuestos en las listas partidarias teniendo que darles nuestro voto nos gusten o no; a menos que, siguiendo lo escrito por Saramago en su última obra "Ensayo sobre la lucidez", votemos en blanco.
Tal vez, y a no tardar, lleguemos a eso.